Parque Nacional de Banc d’Arguin

En la cercana costa Mauritana se encuentra un extenso lugar donde se fusiona el desierto con el océano Atlántico, el Parque Nacional de Banc d’Arguin. Una tierra medio anfibia que cambia de forma en función a las mareas y el azote de los fuertes vientos, bañada por unas de las aguas más ricas y nutritivas del planeta, junto al banco pesquero canario sahariano. Probablemente el lugar más salvaje y extremo del oeste de África, donde las comunidades locales han vivido durante cientos de años en plena armonía con la naturaleza.

A medio camino entre los dos principales núcleos de población de Mauritania se encuentra el Parque Nacional de Banc d’Arguin. Un lugar donde aún es posible ver los chacales que merodean por las solitarias playas en busca de los cadáveres que arroja el mar, en ocasiones un gran pescado, en otras un delfín o restos de una ballena. Todo un espectáculo de la naturaleza que no deja impasible al viajero.

El Parque Nacional del Banc d´Arguin fue designado como Parque Nacional en 1976, sitio Ramsar en 1982 y Patrimonio de la Humanidad en 1989. Se trata de un amplio parque marítimo terrestre con una zona de protección de unos 12.000 kilómetros cuadrados. Hasta este lugar hace algo menos de cien años llegaron pescadores canarios en sus barquillas, los cuales enseñaron a la población local las técnicas de navegación a vela latina canaria. Hoy en día aun sobrevive este medio de navegación, siendo el único medio de desplazamiento marino permitido, lo que convierte a este espacio en la mayor superficie del planeta de navegación sin motor.

El parque abarca una vasta extensión de dunas, pantanos costeros, islotes y aguas litorales poco profundas. En la costa existen una gran cantidad de pequeñas islas, las mayores  son las de Tidra con unos 29 kilómetros de largo y 8 de ancho, y la isla de Arguin en el extremo norte del Parque. Hasta está última isla al parecer en 1943 llegaron las naves de Enrique de Avis y Lancaster “El Navegante” a cargo de el explorador y navegante portugués Nuno Tristao. En este mismo lugar los portugueses construyeron un castillo para garantizar el comercio de esclavos en la zona. En 1633 los holandeses tomaron posesión de la isla y se sucedieron diferentes periodos de ocupación entre franceses, alemanes y holandeses, hasta la descolonización de Mauritania en 1960. A comienzos del siglo XIX tuvo lugar uno de los hechos más destacados en la historia moderna del Banc d’Arguim, el naufragio del navío francés Medusa, con 380 pasajeros en su interior. Este hecho inspiro al pintor Théodore Géricaulta crear el cuadro “Le Radeau de la Méduse” que hoy en día cuelga de las paredes del afamado museo Louvre.

Como en todos los ambientes desérticos la diferencia de temperatura entre el día y la noche es muy marcada. La zona está muy expuesta a las brisas marinas que suavizan considerablemente las temperaturas.

La vegetación es muy escasa, formada por plantas de bajo porte y arbustos leñosos con pequeñas hojas. Al refugio del viento en lugares muy concretos aparecen algunos tarajales y otros arbustos de mediano tamaño.

Cada año llegan hasta este lugar entre dos y tres millones de aves acuáticas provenientes del norte de Europa para pasar el invierno, produciéndose una de las mayores concentraciones de aves del planeta. Todo un paraíso para los observadores de aves. La multitud de pequeñas islas que forman el parque se encuentran pobladas por colonias de charranes, garzas, pelicanos, cormoranes, espátulas y flamencos entre otras aves acuáticas. Algunas de ellas alcanzan grandes proporciones en este lugar, lo que lo convierte en un sitio clave para la conservación de estas especies.

A no muchos kilómetros al norte del parque nacional, en Cabo Blanco en plena península de Noadibou, se encuentra la mayor colonia de foca monje descubierta hasta ahora, donde sobreviven algo más de 300 ejemplares. Con algo de suerte y en condiciones adecuadas se pueden llegar a observar ejemplares de esta amenazada foca en las aguas del parque nacional.

Al bajar la marea millones de conchas de ostras, berberechos, caracolas y otros moluscos quedan al descubierto, un recursos aprovechado por aves y humanos. Fruto de esto es la existencia de gigantescos concheros de varios kilómetros de largo y decenas de metros de altura, creados por la acumulación durante cientos de años de restos de estos moluscos consumidos in situ tras haber sido recolectados en el litoral.

A lo largo de la costa se encuentran pequeños núcleos de población en asentamientos semi nómadas, a sus pobladores se conocen como los imraguem. Según el periodista canario José Naranjo, los imraguen son los únicos mauritanos de tradición pesquera, aunque no se trata de una etnia sino una cultura propia de este lugar. Una forma de vida muy ligada a la pesca de la Lisa, de este pez obtienen comida, tanto su carne como sus huevas, extraen aceite para cocinar y remedios para sus males, lo secan para venderlo, intercambiarlo por carne u otros productos o para regalar a los visitantes y con sus huesos hacer cuentas y objetos decorativos.

Cuando los lugareños percibe un banco de peces cerca de la costa, se reúne para golpear el mar con bastones, los delfines se acercan atraídos por los ruidos y encierran al pescado, lo que permite cogerlos fácilmente con las redes, se trata de una técnica de pesca única en estas latitudes del planeta. Una técnica colaborativa entre delfines y hombres, que en la actualidad prácticamente ha desaparecido debido a la aparición de nuevos métodos más rentables.

A pesar del alto grado de protección del que goza el parque, la pesca industrial, el cambio climático, el turismo mal entendido, la basura marina y la contaminación del océano ponen en peligro a uno de los últimos rincones vírgenes de estas latitudes.

Más información:

Visitar el parque en solitario es prácticamente imposible, es necesario contratar un conductor especializado y un guía local para evitar perderte en medio del desierto. En las ciudades de Nouakchott y Noadibou existen numerosas agencias de viajes que ofertan estos servicios, también lo puedes hacer a través de la asociación de amigos del Parque Nacional o directamente preguntando en las oficinal del Parque Nacional.

Los servicios son muy escasos por lo que es necesario planificar muy bien la visita, existen varios campamentos a largo de la costa gestionados por las comunidades locales, en la pequeña aldea de Chami, en una de las entradas del parque, se encuentra el centro de visitantes del parque construido por cooperación española.

Para saber más sobre Banc d’Arguin y Mauritania

Conoce también el Parque Nacional de Diawling (AQUÍ)

Los pescadores del desierto por José Naranjo en elpaís.es (AQUÍ)

Patrimonio Mundial de la Humanidad Banc d’Arguin (AQUÍ)

 

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